miércoles, 26 de septiembre de 2012

Re-encarnación


De vez en cuando (sólo de vez en cuando, en muy contadas y medidas ocasiones) habría que producir un efecto sobre la realidad (v.g., escribir un libro, o complicarle la vida a una mujer); habría que elegir muy cuidadosamente la instancia en la que encarnarse (rasgando el velo de lo potencial, desde el ensimismamiento en el que uno flota o trata de flotar sobre las cosas) por mucho que uno se guardara una puerta de salida, la posibilidad de desexorcizarse a sí mismo de aquello en lo que, tras tanta vacilación, hubiera decidido darse al fin la oportunidad de ser.

martes, 25 de septiembre de 2012

Romanticismo 2012

 
 
Me dejaría apresar por una mirada (pero sólo una); no necesariamente benévola, no necesariamente verde, no necesariamente condescendiente, pero sí lo suficientemente sagaz -lo suficientemente lectora- para leerme entre líneas y desnudarme de ficciones; para arrancarme las páginas que me sobran -tanta retórica gastada- como ropas que entorpezcan el tacto, y escribir con trazo claro las que han de venir en adelante; para retirarme suavemente del regazo el cuaderno a medio escribir y abrir mis dedos uno a uno, dejando caer al suelo un bolígrafo que ya no tendría que prodigar más caricias de tinta...

Transiciones

Vivir una vida en las transiciones, en los momentos en que el deseo desea algo y la mente anticipa su disfrute, siempre superior, ay, a su plasmación real... Incluso lo cotidiano (sobre todo lo cotidiano) cumple esta sagrada regla: volver a casa prometiéndonos tantos pequeños placeres que luego se reducirán a dormitar frente al televisor; abrir un libro (o ni siquiera eso: adquirirlo meramente) esperando de él la reedición de aquellos deslumbramientos que nos sacudían en nuestra época de aprendices de lo literario; citarse con los amigos de siempre con la expectativa de lograr las mismas alquimias que os unieron indisolublemente hace ya tantos años... 

Escribir en este cuaderno (¿publicar en este blog?) notas que pálidamente transcriben la embriaguez del pensamiento en pos de una idea esencial que las resuma a todas, que responda a todos los interrogantes y reduzca a cero el roce con lo real, desvaneciendo en adelante la necesidad misma del pensamiento...

Pura utopía.

Hacerse oír


La vida: una narración polifónica en la que nuestra voz es sólo una voz, a veces ni siquiera la voz cantante (la voz contante) a la hora de narrar la vida y andanzas de uno... Curioso desear, a veces, poder apagar el resto de voces, desoírlas al menos y regresar a la narración en solitario en la que nadie más que uno puede arrogarse el derecho de hablar, de contarse a uno mismo y contar el mundo... Esa narración ensimismada conservará las esperanzas que aún se tengan en una vida mejor, no contaminada por las decepciones, propias o ajenas, que contiene el diario tumulto de voces en el que a uno, a menudo, tanto le cuesta escucharse a sí mismo...