jueves, 30 de septiembre de 2010

El pianista y el escritor


Dos vértices del prestigio de un café, ambos actuando para el público; ¿sintiendo emociones o ejecutándolas con frialdad? "Estaba a sueldo en aquel café, interpretando al papel las más sublimes emociones para aquel público ignorante de turistas e iletrados varios; cuando, un día, caí en mi propia trampa y recordé que el arte es un arma de doble filo..."

(en la imagen: Café Majestic, en Porto)

Viajar, 1


¿Tiene argumento un viaje? Si lo hay, ¿es apenas la textura de lo que se dejó temporalmente atrás, recubriendo sordamente el desfile de calles y fachadas, determinando que este rincón o aquella travesía, de repente, se le clave a uno en las entrañas? ¿Es el viaje el recordatorio de que aún es posible la literatura, o la ratificación de que todo es ilusorio?

Madrid, 1

Eres la ciudad que habitas. Tener la identidad más fuera que dentro de uno mismo, tener una identidad-ciudad. Tantas cosas entonces no tendrán ya que cuestionarse, estarán resueltas en el aire que respiras, en el ritmo con que se mueve la gente alrededor, con que te mueves tú mismo. Es un reconocerse ciudadano de la ciudad ajena, si es que la ciudad ajena no es realmente la ciudad propia, y la propia la ajena, en una plástica paradoja que puede durar una vida entera.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Diálogo


¿Cuántas veces se puede renovar el pacto con la vida? ¿Cuántas, asomarse a la ventana de madrugada y respirar en el aire silencioso nuevas -las mismas- promesas de una vida mejor por venir? ¿Cuántas, seguir creyendo en la incierta expectativa contenida en la palabra "futuro"? El adolescente de antes de la vida, y el adulto de fuera de ella, se encuentran una vez más en la alta, calma madrugada, y dialogan...

domingo, 26 de septiembre de 2010

Fragmentos, 3


Un Sporting de Gijón-Betis en la tele, en un sábado de fútbol de los de antes, con mi padre, tras un día entero fotocopiando libros de texto de Psicología (mi futura, frustrada carrera) en una oficina solitaria de una nave industrial; la fragilidad, el temblor del camino elegido que ha hecho tanto daño a mis padres, su apoyo pese a todo, todo pesa en esa noche frente a la televisión, viendo un partido intrascendente, donde los comentarios banales sobre cualquier jugada me permiten tender puentes (de cariño, de agradecimiento, de miedo al cambio inminente) con mi padre.

Fragmentos, 2


Un patio de colegio en Guadalajara, en una mañana propicia a los recuerdos, con el corazón en otra ciudad; desangelado pero lleno de ángeles, el patio se me hace refugio, ámbito habitable a mi tristeza, y pronto el mundo entero cabe en ese rectángulo polvoriento...

Fragmentos


¿Qué puedo ofrecer? Fragmentos. Cada vez más todo se expresa en ellos, cada vez entiendo mejor su carácter de unidad de significado de la vida (en la magnitud "significado", el fragmento es la unidad... ¿Queda ya alguna unidad de medida mayor, pueden unirse los fragmentos para crear alguna instancia de significado más profunda?). Me detengo en ellos, los examino, escucho lo que dicen de mí; voces contradictorias, todas ciertas, todas simultáneas en un recuerdo que va ennobleciéndose de la dignidad de segunda vida (de la que se descabalgó hace ya tiempo el mero ensueño, y a la que trato de devolver la evocación literaria). El esfuerzo de unir fragmentos es antinatural (quizá hay una Naturaleza narrativa, con leyes y condiciones tan duras como la física) y a la vez comprensible; si bien hay que tender, sospecho, a no tratar de entenderse a uno mismo más que en esa diversidad fragmentaria...
(imagen de Pejuta)

S.


Otro personaje: la niña apenas cuyo discurso preñado de cultura, unido a la sugerente ambigüedad de sus actos y una predisposición natural a la crueldad, hacen pensar en oscuras sabidurías duramente labradas, en puntos de vista que amplían el manido ámbito de lo cotidiano. La sorpresa de quien se vea adherido a tan atractiva tela de araña, enredado en los piolines de su discurso, extraviado en los laberintos de esa ambigüedad, será descubrir que al cabo de todo ello "sólo" hay una niña luminosa, necesitada de cariño, que juega a la oscuridad con más inconsciencia que premeditación.

El habitante del mañana, 1


Un momento antes había sólo un mundo; ahora de repente había surgido otro, una línea temporal alternativa que por el momento era sólo un fragmento de tristeza, o de humillación, o de desengaño, pero que con el tiempo acabaría creciendo hasta edificar una ciudad entera y dar sustancia a cada uno de sus edificios, sus arcologías desplegadas al viento oscuro del mañana...

sábado, 25 de septiembre de 2010

Ermitaño

Curioso pensar en los privilegios de una vida sin identidad, en sus peculiares placeres, sus cielos siempre por explorar. Es un camino en sí (aquel que desdeña todos los caminos), el que corresponde a un nuevo tipo de ermitaño urbano, dedicado a cartografiar el mapa siempre cambiante de las ilusiones (las ficciones ilusorias) de sus conciudadanos. La ciudad intercambiable, única, vivida como tal, habitada al paso; el trabajo gris y sin compromiso, valorado únicamente por su necesaria faceta integradora; la vida con apenas los vínculos imprescindibles... puede ser el contenido de una vida sin contenido, autosuficiente; una búsqueda continua del espacio en el que el escritor se convierte en escritura, una vez difuminados conveniente, alternativamente, todos los asideros limitadores de lo real. ¿Se puede vivir así?

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Libro negro de la Ciudad, 4

Todavía existen bibliotecas del misterio, y una de ellas me condujo a este libro. Perdonen tan decimonónico comienzo, pero a veces a la realidad, aun en estos tiempos frenéticos, le da por imitar modelos clásicos. Disculpen también que no me presente, sería algo impropio; lo entendí cuando estudié estas páginas y supe de la irrelevancia de los nombres, del carácter necesariamente anónimo de las voces aquí recogidas a las que ahora, con mano trémula y el pulso agitado, me dispongo a sumar la mía...

martes, 21 de septiembre de 2010

Deseo, 2


Estirar la mano hacia el objeto deseado, ¿no es quizá la transgresión fundamental de las leyes del deseo? Pues para seguir deseando es necesario que aquello que se desea permanezca a distancia, no propiamente fuera de alcance (porque entonces el deseo suele despeñarse ante la imposibilidad de su materialización), sino apenas un poco más allá de lo que la voluntad, debilitada por el deseo de desear (de seguir deseando) alcanza.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Cansancio


"Los gestos se despojan de antiguas intenciones, como una mujer cansada que deja deslizarse lánguida una prenda hombros abajo..."

Templo


Asomarse a la ventana y maravillarse ante la visión del más común de los edificios; ése es el escenario fantástico proclive a mi mirada, cargado para mí de sentido de la maravilla, templo de la aventura extraordinaria que me interesa retratar.

Deseo


Se debe aprender a emancipar a la persona deseada del deseo que provoca; quedarse a solas con ese deseo, interrogarlo, preguntarle a qué razones profundas obedece, desenredarse de sus tentáculos turbios, su ciénaga primordial.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Libro negro de la Ciudad, 3


La Ciudad tiene una inmensa red de delatores, ratas de alcantarilla que la conocen mejor de lo que se conoce ella misma, que se mueven por sus entresijos y se ocultan en sus recovecos asistiendo a cada acto de vicio, a cada crimen deplorable... El detective, buscando pistas, los visita a todos, uno a uno, en una frenética carrera que lo enfrenta a la ciudad y que sabe de antemano sólo puede perder; una y otra vez descubrirá, en la oscuridad de habitaciones infectas o en portales húmedos y destartalados, que lo espera la ya acostumbrada forma de un cadáver con las órbitas vacías y la lengua arrancada; y, más allá, como esperando su llegada para dejarse oír, algo así como una risa indecible -pétrea, inhumana- que se aleja parsimoniosa de la escena del crimen...


Salvoconductos


Guardar en el bolsillo: todo un rosario de espléndidas tristezas, capaces de llevar a tantos sitios, reales o ficticios. Son salvoconductos, boletos de autobús, billetes de avión; se convierten en todas estas cosas, y así se hacen movimiento, transformación, atisbo necesario de lo otro.

Tear down these walls


Cada cierto tiempo, derribar todo lo construido en torno a uno mismo; y la tristeza ha de ser el instrumento para ese derribo. ¿Una eterna juventud, eterna y triste? ¿La excusa perfecta para reestrenar la vida cada poco tiempo?

viernes, 17 de septiembre de 2010

Libro negro de la Ciudad, 2


Y por fin, allí estaba: espléndida en su ruina polvorienta, misteriosa como las grandes ciudades de la Antigüedad, inmemorial como el dolor del parto en las hembras humanas, como la primera manzana podrida que alguien mordió desoyendo la prohibición de hacerlo, condenando a la humanidad a, en adelante, habitar ciudades...

jueves, 16 de septiembre de 2010

Libro negro de la Ciudad, 1


El detective trata de reconstruir el mapa de pasos que dejó tras de sí la víctima, y lo hace en sentido inverso: desde el lugar postrero al que le llevaron, donde descansa su cadáver, hasta el lugar donde se inició ese recorrido a la postre fatal... El resultado es un mapa de la Ciudad, un retrato robot que muestra su rostro, culpable e impune; pues es la Ciudad la asesina, siempre, y nosotros apenas la mano ejecutora que obedece una orden inmemorial...

Pregunta


¿Cómo salvar lo cotidiano, cuando no existe ya otra cosa?

Cayendo


El sudor también puede ser el resultado de la fricción con la realidad; la dura y accidentada entrada en la atmósfera, cayendo en barrena desde el espacio profundo del ensimismamiento, para acabar dando con tus huesos, un día más, en el mundo de los otros.

martes, 14 de septiembre de 2010

Rainy season


Escribir una novela en la que siempre esté lloviendo; doscientas o trescientas páginas de lluvia ininterrumpida, en las que guarecerse del tiempo seco y estéril que hace siempre en la vida real.

Proyectos: MVD Blues

Quizá olvidarte sea tan sencillo, digo ahora en voz alta, y la habitación inundada de ti acoge mi voz con un sobresalto de sombras. Sin darnos cuenta se nos ha ido la tarde, tú enredándote en la penumbra creciente de la sala, entrando y saliendo de charcos de oscuridad como en una danza ausente; yo perfeccionando coartadas para el olvido que van a morir, una tras otra, contra tu vagabundeo absorto, tu indiferencia de niña aburrida...

lunes, 13 de septiembre de 2010

Proyectos: la soledad del malabarista


"Tiempo de malabarismos". "El momento del malabarista". Quizá un escritor que ya no se siente tal, yendo tristemente a recoger un premio literario menor, de provincias, que ha ganado mediante una impostura íntima, invisible. Como las peores traiciones, las que se cometen contra uno mismo. "Juegos malabares". Estampas mínimas arduamente significativas, esperas en el ascensor de un hotel ruinoso, ruido de niños en el autobús, una pareja discutiendo en cualquier bar nocturno; fantasmas de los que el escritor se esconde, a los que trata de hurtar la mirada. El espectáculo del mundo, y un escritor ciego y mudo. ¿En qué consiste el significado, cuando ya no se lo quiere desentrañar? "La derrota del malabarista": que los objetos que trata de mantener en equilibrio -el mundo, la identidad, el significado- se caigan ruidosamente a su alrededor, rompiéndose en mil pedazos. ¿Qué queda después? Quizá un escritor que ya no es escritor, yendo tristemente a recoger un premio literario que ha ganado mediante una impostura íntima, invisible...

El cuarto de juegos


El niño posee el mundo de otra manera, con naturalidad, a través de su mirada curiosa. Aún no es nadie, así que puede ser cualquiera, proyectándose vívidamente hacia personas reales o imaginarias (yo elegía invariablemente, aun en aquel momento tan temprano de la vida, al compañero del héroe, un personaje siempre en segundo plano, lo que sin duda es significativo). El mundo para el niño está lleno de grandes espacios en blanco, lugares y ámbitos desconocidos, que se despliegan en su fértil imaginación enseñándole el poder de lo potencial. El niño se lleva el mundo a su cuarto de juegos, lejos aún del tiempo en que deberá abandonar el cuarto de juegos si quiere salir al mundo (y ésta es la ruptura realmente dolorosa, la que marca el fin de la infancia -se produzca a la edad que se produzca- y la pérdida definitiva del paraíso).

Lamento uruguayo

Es de quinta, pienso, es de personaje amar la tristeza. Prepararse cada vez, cuando el azar trae a la vida un amor, para la ruptura y la pérdida, y el infinito posterior tiznado de colores grises, realzado, insoportablemente bello. Antes habrá sido posible asir la vida, pararla, detener el flujo que corría indistinto para extraer de él los momentos preciosos, las eternidades sin cuento, las palabras que no pudieran expresar nada pero a las que igualmente, absurdamente se encomendara la misión de dar cuenta de todo.

domingo, 12 de septiembre de 2010

E.

Una voz de seda que raramente se permite ser acariciante, como una banda demasiado tensa sobre el cuello de la mujer que habla, enseguida sobre el del hombre que escucha (y parece apropiado imaginarla así, saltando las distancias y enroscándose mórbida alrededor de la garganta ajena, siempre presta a clavar los colmillos). Las eses finales sibilan* con el seseo de una serpiente, congelando la sangre, aun al otro lado del teléfono, de la afortunada víctima de tan exquisito desprecio (también ser despreciado por una diosa es un raro privilegio)...

*: sé que este verbo no existe (no así su forma de adjetivo: sibilante)... pero permítanme corregir a la realidad, al menos en esto

"Y pienso que deberíamos inventar gestos nuevos..."

Gastamos los gestos de tanto usarlos. La mano sostiene el cigarro con familiaridad de autómata, la mirada se pierde en un océano inmutable de hastío, la sonrisa parece despintada, una versión fantasmal de sí misma... Sólo el breve aleteo de las miradas rozándose, como en un sofisticado rito de apareamiento aéreo, consigue hacer brillar por un instante esos ojos. Y pienso que deberíamos inventar gestos nuevos...

Expectación

La eterna expectativa, encarnada en los edificios, las calles de siempre. Blindada en cierto modo a las decepciones, porque hay algo en el escenario urbano que sobrevive al casi siempre difamante peso de la experiencia; algo puro, como una fuente inagotable de potencialidad de la que aprendimos a beber de niños, y que nunca ha dejado de manar desde entonces (poco importa que la vida apenas haya cumplido sus promesas). Todo niño (todo niño triste y solitario) debería crecer en una ciudad, mirar su rostro en los charcos de lluvia de la infancia, pasear los parques abandonados al caer la tarde, medirse con los edificios impasibles al paso de las personas, de las generaciones que desfilan bajo su lento, eterno escrutinio.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Tocarnos la cara: la lluvia y el esfuerzo

De la lectura de "Tocarnos la cara", me queda una cierta idea del esfuerzo; el esfuerzo, y su inutilidad. El esfuerzo, como la lluvia, siempre ocurre en el pasado; ocurrió, implicó a una serie de personas, se desplomó, y ahora qué nos queda (ésta es la cronología de cualquier esfuerzo). Quizá el mayor valor del esfuerzo sea el histórico: recordar que un día nos esforzamos, y fue tan hermoso. También, su inevitable tendencia a buscar compañía, a incluir a otros en su proyecto, bajo su paraguas de deseo.

La representación


El mundo comienza de nuevo, cuando el milagro de la representación lo vuelve a poner en marcha; es entonces cuando se hace realidad aquello de "todo lo que fue, es". La representación nos hace libres, nos reúne en un esfuerzo común; hay que unir mis palabras, tus palabras, al empeño quimérico por construir realidades sobre la realidad, confundirlas con hermosas ficciones, encarnaciones de viejos y nuevos mitos. Toda representación es pues un empeño noble, prestigiado por el aura de su generosidad esencial, su heroica intención de competir con el mundo. Escritores, enseñadnos que hay mucho más de lo que vemos, para que en adelante lo veamos con nuestros propios ojos; que este nuestro breve paso por la tierra sea una fiesta llena de historias y colorido, de voces cantando a lo que nunca fue...

viernes, 10 de septiembre de 2010

Lo no dicho (tras tanto tiempo de silencio)


Cada cosa no dicha es una derrota invisible, una adición intolerable a un territorio vasto, que amenaza desbordarse e inundarnos, que nos va colmando por dentro de malestar e impotencia ante lo real inmensurable. Poco valor le va quedando a la escritura (y a la palabra en general) más allá de intentar minar este territorio a zarpazos, no renunciar a dar cuenta de las cosas, a explicárselas a uno mismo y, quizá, a alguna mirada curiosa al paso. Cada vez que le oponemos un texto a la realidad (cada vez que sobreimpresionamos la realidad con un texto para hacérnosla legible) conseguimos hacer retroceder un poco el avance imparable de la entropía, y con ello recuperamos, siquiera mínimamente, la fe en la escritura y en su capacidad para mejorar el mundo. Valga como declaración de principios para iniciar, una vez más, el camino de la palabra.