domingo, 14 de noviembre de 2010

Final del juego (Contra el tiempo, 2)


La juventud dura lo que nos diga la publicidad; cuando dejamos de sentirnos aludidos por ciertos anuncios, o cuando vemos la MTV como si estuviera dirigida a nuestros hijos no-natos, sentimos haber dejado de pertenecer a un grupo exclusivo, privilegiado por los medios de comunicación, al que se dirigen los mensajes más brillantes y prometedores que nuestra sociedad es capaz de alumbrar, en el constante empeño de recubrir de ficciones el horizonte de nuestra experiencia (¿el camino hacia la muerte?). Agotar con renuencia los últimos restos de receptividad a esos mensajes es, incluso para aquel que se consideró a sí mismo el peor joven del mundo, una tarea ardua; más allá queda la asunción definitiva de una adultez llena de fealdades, donde tantas cosas irán quedando al otro lado del deseo, aunque el deseo mismo no pueda dejar de desearlas... El proyecto de convertirse en un hombre gris, acariciado con impaciencia cuando la juventud parecía un terreno infinito lleno de presiones insostenibles, y el fracaso destellaba de romanticismo y literatura allá a lo lejos, se podría ver, así, finalmente (¿felizmente?) cumplido...

9 comentarios:

  1. ¿no es un poco pronto para estas reflexiones?

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  2. Pues me temo que no, compañero... Más bien creo que demasiado a menudo se pierde de vista la edad "real" que uno tiene, sobre todo en este tiempo de peterpanes, y se cree uno con derecho aún a exigirlo todo, por su cara bonita y su (presunta) lozanía... La tele nos dice que somos jóvenes mientras queramos (y, eso sí, usemos cremas "anti-edad"), pero luego, cuando sales a la calle, y te pavoneas frente a jovenzuelas como llevas haciendo toda tu vida, notas que te miran raro... y te da por pensar si no tendrías que estar calentando sofá en casa junto a tu señora esposa (vaya, mi argumento no empezaba mal, pero ha acabado en la parodia...)

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  3. Tremendo. Empiezas sonando a Verdú y terminas traduciendo a la letra impresa el contenido de algunas de nuestras más lúcidas (y pesimistas) conversaciones.

    ¿Puede un "single" dejar de ser peterpanesco?

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  4. Buena pregunta, Javi. Creo que la respuesta es no, casi por definición. De hecho, la manera de crecer y abandonar el País de Nunca Jamás pasa necesariamente, me parece a mí, por la convicencia con otra persona. Mientras tanto, seguiremos pavoneándonos frente a jovencitas, aunque cada vez nos sintamos más raros e inadecuados al hacerlo.

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  5. Perdón, quería decir convivencia (aunque tal y como lo he escrito, podría querer decir algo así como "connivencia con Vicente -Verdú" ;-)

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  6. De todas maneras, ahora muchos tipos de jóvenes (el adolescente, el postadolescente, el joven-joven, el joven-viejo, el "maduro"... bueno, ese último ya no es joven).

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  7. Por cierto, no sabía que Luigi fuera más alto que Mario.

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  8. Sí, primo, es más alto. Y no sabes lo mal que lo lleva Mario... Hasta el punto de utilizar sus influencias en Nintendo para oscurecer la carrera de su "querido" hermano (¿alguien recuerda algún buen juego de Luigi?). De todas formas, el tamaño relativo de ambos fontaneros (¿?) depende de la versión del Super Mario que juegues: la Superdeformed, la Ultimate, la Era de Apocalipsis...
    (Jo, qué alivio, por fin puedo hacer un comentario freaky en mi propio blog... ;-P)

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