
Una colección de minúsculos extrañamientos, epifanías de bolsillo, miradas al paso con las que el pensamiento avanza, quizá a ninguna parte, encerrado en el laberinto interior de una polisemia: curioso pensar, este pensar curioso...
jueves, 28 de octubre de 2010
Pequeños actos de terrorismo

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He decidido darle un poco de marcha al blog, usando la campaña de marketing más antigua del mundo... Jejeje, nah, es broma, pero estoy seguro, no sé por qué, de que con esta entrada he conseguido vuestra atención, y presiento que escalará rápido entre las más vistas... Ahora, si podeis, me comentais el texto...
ResponderEliminar¿No podemos comentar la foto..........? Me inspira más que el texto (con todos mis respetos, por supuesto)
ResponderEliminarEstá bien, comentaré algo del texto... no puedo... me paso el rato haciendo scroll con la ruedecita del ratón....
ResponderEliminarLos dos (o los cuatro) que escribimos hemos sucumbido a esta debilidad, creando otras identidades tras las que escondernos para poder mirar, sin tapujos, esos escotes prominentes, esa rodilla asomando por debajo de la falda, esos labios que te hacen pensar por qué no besarlos y ser ese otro, aunque sólo sea por un instante fugaz e irrepetible
ResponderEliminarOs aseguro a los dos (o a los cuatro) que si pones en Google Images "desmesura original del deseo" sale esta foto... Nah, esto también es broma. Reconozco el factor de dispersión que produce ese corte lateral de un escote minúsculo (tipo "hilo dental"), a mí mismo me cuesta concentrarme en el texto... Pero al menos es una foto artística, y si se trataba de hablar de la desmesura original del deseo, desde luego refleja perfectamente ese concepto.
ResponderEliminar¿Soñarse otro para amar a la mujer fuera de alcance? Me recuerda a otra entrada en la que invocaba a una máquina del tiempo en forma de fotografía para conocer a la mujer a la que amaría años después, y así "reparar" un pasado en el que lamentablemente ignoré su presencia tan cercana. También me recuerda un poco a "La invención de Morel", la bellísima nouvelle de Bioy Casares donde... no lo desvelaré, ya que intuyo que el señor Nowell aún no ha leído esa novela (que desde ya le recomiendo encarecidamente; además, siendo Bioy un anglófilo como su amigo Borges, imita modelos de la narrativa británica de finales del XIX -sobre todo, Stevenson-, lo que creo le hará más atractiva su lectura...)